Nuestra visión logra captar una cantidad inmensa de colores a nuestro alrededor. En un principio esto era una ventaja de supervivencia  pues hacía la visión más especializada para la caza y protección. Para esto, el cerebro reaccionaba de distintas maneras a los colores ya sea causándoles entrar en estado de alerta o descanso. Sobre todo, tomando en cuenta que cada color posee una calidad vibratoria lumínica distinta que afecta de esta manera al cerebro en su recepción.

Aun actualmente el cerebro se mantiene así y es por eso que el uso de los colores debe responder a la intención que tienes pensada para la decoración de tus interiores. Esto se debe a que los colores, más que su capacidad de modificar la percepción que tenemos del espacio de las habitaciones (ancho, alto y profundidad), poseen un impacto en la psicología del que reside o se encuentra rodeado de los mismos, además de ser clave en el proceso decorativo. Por ello, el manejo de la psicología del color podría ser una pieza clave en la toma de decisiones en el diseño.

Psicología del color

En el proceso creativo de decoración de interiores es sumamente importante encontrar una paleta de colores que logre llevar el mensaje que deseas, pues existe un mensaje claro en el mismo. Esto es porque los colores están repletos de simbolismos gracias nuestra cultura. Los colores nos afectan tanto que existe una terapia del color (cromoterapia) donde curan algunos dolores, mientras el mercadeo se nutre de su uso para ganar dinero. Por ejemplo, el color amarillo es muy alegre y muy cálido. No obstante, genera cansancio en la vista y puede hacer llorar a un bebé. Por otro lado, el color rojo es atractivo para la vista y libera emociones fuertes, así como que aumenta el apetito y el ritmo cardíaco.

Otros colores

En el caso del azul, este es muy preferido por los hombre y representa muchas veces la intelectualidad, generando calma, productividad y calma. El morado a su vez involucra el éxito, lo místico y el bienestar (por eso líderes y reyes han usado este color, mientras el naranja es identificable como sinónimo de entusiasmo, calidez  y provocación. El rosado, en tonos oscuros involucra la juventud, y en el claro, el delicadeza. El blanco, habla de pureza, inocencia y expansión. Con todo esto en mente, la decisión en los colores podría variar más a solo depender de la percepción del espacio. Ahora solo basta investigar sobre la teoría del color (no es lo mismo) para entender la manera correcta y más armónica de combinar los colores.